Millones de Usuarios Abandonan WhatsApp: Nuevas Políticas de Privacidad Reabren Debates Sobre los Datos en Internet
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Millones de Usuarios Abandonan WhatsApp: Nuevas Políticas de Privacidad Reabren Debates Sobre los Datos en Internet

Maia Mulko
Maia Mulko

En los últimos días, tuvo lugar lo que muchos llaman un éxodo en WhatsApp, la aplicación de mensajería instantánea que hace un año rondaba los 2.000 millones de usuarios en todo el mundo. Sus nuevas políticas de privacidad, que la empresa obliga a aceptar antes del 8 de  febrero de 2021 para poder seguir usando la app, motivaron una migración digital masiva hacia servicios alternativos como Telegram, que en sólo 72 horas dio la bienvenida a 25 millones de usuarios nuevos. ¿Qué dictan estas políticas y por qué generan tanto rechazo?

El Precio de lo Gratuito

WhatsApp no tiene costo de descarga ni de uso, tampoco muestra anuncios. Desde que dejó de cobrar suscripciones anuales en 2016, se mantiene en la gratuidad a raíz del respaldo económico que le brinda su asociación con Facebook, que compró la app de mensajería instantánea en 2014 por 19.000 millones de dólares.

Ya por entonces existía la preocupación por la privacidad, dado que Facebook es la empresa tecnológica que más información recopila de sus usuarios, no sólo a través de la red social homónima, sino también a través de los otros productos que ha ido adquiriendo, como Instagram. En ese momento, desde WhatsApp aseguraron que no compartirían datos con la red social de Mark Zuckerberg o sus otros servicios, o por lo menos el usuario podía decidir si consentía tal práctica o no. Esto es lo que acaba de cambiar.

El revuelo fue tal que WhatsApp tuvo que aclarar que las nuevas políticas de privacidad no implicaban el acceso ni el intercambio de conversaciones de los usuarios (que continúan cifradas de extremo a extremo) ni entre quiénes ocurren, sea por chat o por llamada. Lo que las políticas dicen que WhatsApp intercambiará con Facebook son datos de la cuenta (como el nombre, el número de teléfono y la lista de contactos), datos de transacciones e información financiera, datos de uso (configuraciones, frecuencia), datos del dispositivo (modelo, sistema operativo, hardware, redes o conexiones), dirección IP, ubicación (si está activada), etc.

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Todo esto con los fines para nada nuevos de armar los perfiles de los usuarios y personalizar aún más los anuncios que sí vemos en los servicios de Facebook, y que en 2019 representaban el 98% de los ingresos de este conglomerado digital, según el portal de estudios de mercado Statista.

La Soberanía de los Datos

“Esto era inevitable. Hay una razón por la que Facebook compró WhatsApp, y estoy sorprendido de que le haya tomado tanto tiempo llevarla a cabo”, le dice a Forbes el experto en seguridad de apps Sean Wright.

Pero mientras millones de personas en el mundo buscan apps alternativas de comunicación, todos los países de Europa quedan exceptuados de las nuevas políticas de privacidad de WhatsApp gracias a la RGPD o Reglamento General de Protección de Datos, una legislación que rige en el continente desde 2018 e impide a las empresas de cualquier parte del globo compartir o utilizar información de los ciudadanos de la Unión Europea para sus propios fines.

Esta regulación responde directamente a la soberanía de los datos, un concepto que determina que el tratamiento de los datos digitales deben estar sujetos a las leyes del país en los cuales se procesan. Algo que tiene gran impacto en Internet, en donde todo parece ser de todos o estar en todas partes. Incluso, la información personal (que muchas veces cedemos sin darnos cuenta).

Si bien este tipo de normas refieren más a la utilización de la información que a la recopilación de la misma, podrían colocar paños fríos a la cuestión de la privacidad, tan candente en los últimos días, cuando el público se sintió especialmente invadido por las nuevas políticas de WhatsApp, que es parte de un monopolio tecnológico más grande que desde hace años comercia con la información de sus usuarios. Y aunque actualmente la gente pueda estar más consciente de esto, ¿es esta conciencia realmente capaz de repercutir en el Big Tech?

¿Es inescapable?

¿Cuántos de los que se mudaron recientemente a Telegram cerrarán para siempre su cuenta de WhatsApp? ¿Lo harán aunque sus amigos o familiares permanezcan allí? ¿Cuántos de los que no utilizarán más WhatsApp tienen Facebook o Instagram? ¿Y cuántos tienen una cuenta de Google?

Lo cierto es que últimamente estos gigantes tecnológicos no sólo están en la mira por el tema de la privacidad, sino también por cómo pueden llegar a influir en los servicios alternativos. Es lo que ocurrió con Parler, una red social de microblogging como Twitter, pero con reglas más relajadas en cuanto a moderación de contenido.

Tras el asalto al Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, evento que se cree que se organizó por esta red social (con fama de atraer usuarios conservadores y de extrema derecha expulsados de las redes convencionales), la app fue retirada de Google Play Store, App Store y Amazon Web Services (AWS), en un acto que muchos califican como censura.

En suma, lo ocurrido en lo poco que va del año puede llevarnos a cuestionar dónde están los límites de los datos que compartimos o permitimos que otros compartan, pero también dónde están los límites de la libertad de expresión en Internet y, sobre todo, quién tiene el poder para trazarlos.

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