Starlink, Cada Vez Más Cerca de La Cobertura Global
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Starlink, Cada Vez Más Cerca de La Cobertura Global

Maia Mulko
Maia Mulko

Fue un camino largo, pero no tan largo.

Comenzó con el deseo de Elon Musk de crear una Internet global que fuera funcional incluso en los lugares más recónditos del planeta, que de otra manera no podrían tener acceso a la red. Una conexión satelital de banda ancha esencialmente más rural que urbana, la cual también podría utilizarse con propósitos científicos, exploratorios, militares; o incluso como método de comunicación en Marte, llegado el caso de que la humanidad finalmente pueda conocer el Planeta Rojo en persona en los próximos años (como Elon Musk planea para 2024).

Claro que lo primero es lograr la tan ansiada cobertura total en la Tierra, para lo cual SpaceX —la empresa aeroespacial de Musk que desarrolla los satélites de Starlink— alega requerir el ambicioso número de 42.000 unidades en la órbita baja terrestre. Sin embargo, sólo ha recibido la autorización para tener unas 12.000 en circulación. Y todavía no las tiene. Tras 18 lanzamientos exitosos desde aquel 23 de mayo de 2019, cuando los primeros 60 satélites de la megaconstelación arribaron al espacio, el número total ronda los 1000 actualmente. Suficientes para ampliar el área de cobertura de su servicio de Internet.

Las Implicaciones

Con cuatro años de investigación y desarrollo, y uno más con un par de prototipos de prueba en órbita, Starlink inició a mediados de 2020 la fase de beta del servicio, de la mano de 10.000 clientes en el ámbito público y privado de algunas zonas de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Hoy, el sitio web de Starlink ya permite la pre-orden del kit de instalación para otros territorios de Norteamérica y de Europa, y también varios países de África y de Latinoamérica (Starlink ya tiene licencia para operar en Argentina, Chile, México y Colombia).

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Sin embargo, esta pre-orden (que requiere un depósito de 99 dólares) no garantiza el acceso al servicio, puesto que durante la fase beta, habrá limitaciones en la cantidad de usuarios que Starlink admitirá por región. Así, las solicitudes se procesan por orden de llegada (o de registro, en este caso). Los que queden afuera, recibirán un reembolso. Los que no, aún tendrán que esperar desde 2 semanas hasta 6 meses para recibir el kit, dependiendo de la localización.

Esto le da algo más de tiempo a Starlink para mejorar un servicio que desde la misma empresa admiten que sufre de intermitencias y variaciones de latencia y velocidad (en el rango 20 ms-40 ms y 50Mb/s-150Mb/s, respectivamente), algo que estiman que estabilizarán a medida que habiliten más satélites, estaciones terrestres, y demás. Mientras tanto, no le faltan usuarios satisfechos en comunidades remotas (como los ojibwa de la reserva Pikangikum, en Ontario), en cimas de montañas, en climas extremos (en donde reportan haber experimentado hasta 175 Mbps de velocidad), y en zonas rurales que hasta entonces sólo podían acceder a conexiones satelitales mucho más lentas (la velocidad promedio del Internet satelital en Estados Unidos es de 31 MBps, y la latencia promedio es tan alta como 628 ms) y/o susceptibles a tormentas, vientos fuertes y nevadas.

En el caso de Starlink, Elon Musk espera que para fin de año la latencia pueda reducirse a menos de 20 ms y que la velocidad alcance los 300 MBps con facilidad, lo que permitirá a los usuarios realizar actividades que requieran tiempos de respuesta brevísimos, como los juegos online, las videollamadas, los streamings, etc. También planea que el servicio esté disponible en la mayor parte de la Tierra, aunque siempre focalizado en poblaciones de poca o media densidad. Asegura, pues, que no desea competir con el 5G u otras conexiones urbanas; de todas maneras, el Internet satelital no está destinado a su uso en grandes ciudades.

Internet ¿Para Todos?

Los países que esperan poder conectarse a Starlink en 2021 incluyen Irlanda, Bélgica, España, Francia, Italia, Grecia, Australia, Nueva Zelanda y casi toda Sudamérica. Los países nórdicos, centroamericanos, africanos, asiáticos y del Medio Oeste tendrán que aguardar hasta 2020.

Pero aunque se trata de un Internet global, no es para todo el mundo. El kit de instalación cuesta unos 499 dólares. Contiene una antena autoajustable (que sólo podrá montarse de forma inamovible en una residencia; es decir, no es portátil), el trípode para sostenerla, el router para el interior y el cableado para conectarlo con el exterior. A esto hay que sumar 60 dólares de los costos de envío y un abono mensual de 99 dólares.

No se sabe si Starlink adaptará sus tarifas de acuerdo a la región. Por ahora, Elon Musk mencionó que sólo podrían variar los costos de envío y los impuestos, pero en términos generales, correrían los mismos precios para todos. Dolarizados o convertidos a la moneda local, estos podrían ser una limitación. Usuarios estadounidenses han declarado que 3,3 dólares por día no es mucho para el servicio que ofrece la empresa de Musk, pero en países donde los sueldos básicos rondan los 200 dólares, 3,3 dólares por día —o 99 por mes— es algo que sólo los más afortunados pueden pagar.

Sólo queda esperar para ver si Starlink finalmente le da una vuelta de tuerca al concepto de “Internet universal”.

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